13 noviembre 2011

así habló / Gerardo Burton

afganistán
franja de gaza, irak
libia
el largo brazo de ahrimán
también quiere llegar a persia
     la tierra de omar kayam, el dulce
matemático
     poeta preciso del vino
y del amor


afganistán, ese país
     de gentes que echaron
a alejandro de macedonia
     y a todos los invasores que lo imitaron
¿cómo harán los ejércitos
     del fuego
y la destrucción?

no vencerán los tiburones negros, no pasarán
los halcones del cielo
su hacha de guerra será inútil
en la patria del haschish
     y del opio calmador

les pidieron paz en nombre de alá y los ejércitos
     volvieron con arpones, ángeles negros
disfraces y escudos para engañar
     inútiles ejércitos ara tomar el cielo
por asalto

eran lanzamisiles, no comida ni suero
ahrimán, belcebú, baal el fegor, el G7
se ocultaron tras las miríadas de arcángeles
tenebrosos, monstruos rojos
que la bestia de la isla delgada envía, entre
     mentiras y simulaciones del consejo de seguridad, tinieblas
          más tinieblas

hoy babilonia es roma
     y la bestia tendrá que caer

aunque no hay en el horizonte aún
     destellos de la diadema del cordero
ni rastros del cristo que vendrá
     algún día
con wiracocha, con la diosa blanca de nuevo
     y mitra y el padre dionisos
entre el fuego y el azufre y el licor
     a levantar a esos muertos, niños
mujeres, ancianos puros
     de ojos que verán
el mundo transfigurado

     no más misiles, no más ojivas
nucleares, basta ya de daños colaterales y fuego amigo
serán todos admitidos
     en la casa del canto, dijo zaratustra
y ellos, las cohortes y las legiones de la bestia
los ángeles negros del dolor
     serán huéspedes de la casa del mal
también dijo

y la mujer gloriosa, coronada de estrellas
     pisará la cabeza del monstruo
y un río de metal derretido, magma de las ciudades
será la bebida de los que proclamaron
el fin del tiempo con sus armas y sus dineros

hoy roma es babilonia
     y la bestia tendrá que caer

vuelvan, zaratustra e isaías
     vuelvan, ezequiel y pachacútec

en vano aguardan
     las gentes
a ohrmuz u oromazdes, el nacido de la luz
el luminoso y perfumado
     en batalla perpetua
por el cielo a conquistar
     por la ciudad
donde el cielo y el infierno se unen
    
     esa puerta bendita
          boca del templo
por la que pelean hace tres mil años
profetas, guerreros, santos
ángeles y arcángeles
     ejércitos de aire y agua pura
contra ahrimán, el tenebroso y maloliente
contra belcebú, el príncipe de los demonios
que gobiernan cenizas y tinieblas
     y están pertrechados por los bancos del imperio

sus negras alas, las garras de los soldados
los vuelos rasantes del sistema financiero, buitres que
     destruyen pueblos
y arrojan bombas en racimo
     a cambio de su media libra de carne

ellos, los pequeños de mi madre, esperan leche y miel
     de la tierra prometida
pero les entregan a cambio
minas antipersonales, misiles crucero

franja de gaza, un muro
     para aislar el pueblo que canta
los hermanos del arca
     mueren de hambre y enfermedades

que lea el viejo
aeda ciego que amaba el imperio
“en cada instante puedes ser caín o siddharta”, decía
“en cada instante la clepsidra deja caer la última gota”

hoy babilonia es roma
y la bestia tendrá que caer

irak, libia
¿quién dirá la cifra humana de la fiera
de esa bestia que habita en la isla flaca
donde cayeron las torres
     de acero y vidrio?

irak, libia
     lejos de la arena del desierto
lejos de las llamas de los helicópteros
     como insectos artillados
en el ésjaton mentiroso, un final que no llega

pero titilan, lejos del horizonte, amatistas
de la diadema del ungido
lapislázuli en la corona del cordero
en la tiara de la diosa, en la copa de dionisos
que llega entre oro, nubes y luces
     a imponer
la paz, la gloria
     y el fin de la guerra


vengan todos, vengan todas
     habrá colirio para sus ojos doloridos
          toda lágrima será restañada por fin

se terminó

se terminó

hoy babilonia es roma
y la bestia tendrá que caer


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